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Al obligar a la piel a cambiar más rápidamente, en tres días en lugar de los 60 naturales, estamos activando la protección.
La revista Journal Watch Dermatology publicó que un simple peeling consigue estimular la proteína p53, aumentando las defensas contra la enfermedad.

¿Sabías que mudar la piel mejora sus cualidades?
Y además la protege mejor de lo que te imaginas. Esta técnica podría convertirse, tras la fotoprotección, en la segunda estrategia contra uno de los tumores más comunes en España y en el resto del mundo: el cáncer de piel.

Las cifras son alarmantes:

Una de cada cinco personas en Europa tendrá melanoma, el cáncer de piel más letal, en algún momento de su vida.

De sobra sabes la importancia de la fotoprotección (y esperamos que esto lo estés aplicando como regla de vida)  pero una nueva medida viene a levantar los cimientos de la prevención contra la enfermedad que tanto está preocupando la sociedad actual. La clave está en el peeling químico profundo, que se realiza en consulta y que hasta la fecha era un simple tratamiento estético para mejorar marcas de acné, manchas o arrugas, gracias a la eliminación de las capas superficiales de la piel.

 

 

La  mayoría de la población ignora que cada día, en la playa o en el campo, cualquiera está estimulando  un cáncer de piel, debido a la mutación en las células epidérmicas inducida por la radiación UV.

Y por esta razón es importante re activar la proteína p53 ¿Proteína p53? ¿a que no te suena? Pues no sabes lo importante que es, no queremos ser demasiado técnicos, pero en resumen podemos decirte que es la proteína que destruye el inicio del cáncer.

Cuando falla esta proteína, y las personas adictas al sol (ahora llamadas tanoréxicas) la inactivan por mutación: el resultado es un posible carcinoma. Pero te preguntarás “¿Y qué tiene que ver el peeling en todo esto?” La revista Journal Watch Dermatology publicó que un simple peeling consigue estimular la proteína p53, aumentando las defensas contra la enfermedad.

La palabra inglesa peel significa pelar, si, suena un poco grotesco, pero tiene sus beneficios. Y esta técnica ha evolucionado en el tiempo, primero se hacía con partículas de ciertos materiales como el mármol o incluso el papel de lija.

Luego llegó la dermoabrasión a base de punta de diamante. Pero fue a finales de este siglo cuando ese efecto de destruir capas superficiales se consiguió mediante sustancias químicas.

Aunque entre los años 50 y 80 existía un afán por los exfoliantes más agresivos, como el fenol, que requería 10 días para que se curara la piel –incluso se enclaustraba al paciente–, hoy se utilizan los de actuación superficial, que permiten seguir con la rutina diaria y se conocen como «lunch-time peelings» o exfoliantes blandos que se hacen en lo que dura el almuerzo un día laborable, y logran idénticos resultados estéticos con menor agresión.

Este tipo de tratamientos deben ser realizados por médico especialista, ya que cada tipo de piel necesita uno concreto. Aunque después se los puede aplicar el paciente en crema de uso diario en casa. Se deben repetir cada uno o dos meses. Pero hay que evitar el verano ya que cualquier irritación puede acabar convirtiéndose en una mancha por culpa del sol, por lo que cualquier otra época del año puede ser la adecuada para realizarla.

Por otro lado, debemos ser cautos, pues no podemos irnos  a la falsa idea de que disponemos de una cura milagrosa para el cáncer: los peelings químicos, por su efecto de eliminación de las células dañadas y su regeneración a partir de otras nuevas, pueden contribuir a hacer desaparecer algunas lesiones precancerosas. Pero si existe un daño acumulado en la piel expuesta al sol muchas veces esto será imposible de eliminar.

No en vano las últimas cifras de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos lo sitúan como el segundo tratamiento más demandado tras la toxina botulínica. Y ha aumentado un 9% en el último año. Ahora casi todas las  mujeres utilizan cremas para cuidar su cara que contienen ácidos de efecto peeling. Pero lo realmente importante de estos tratamientos es que, al obligar a cambiar su piel más rápidamente –lo que hace la propia naturaleza cada 60 días, el peeling lo hace en tres–, estamos activando la p53, la proteína de la que te hablamos al principio.

Debes tener en cuenta que cuando este tratamiento se realiza en consulta hay un seguimiento médico, lo que facilita el control de las lesiones precancerosas, que en su fase inicial son de fácil tratamiento.

En definitiva, el peeling ha cambiado la forma de protegerse frente a la radiación. Entramos en la era de la fotoprotección biológica: no combate el sol ni bloquea sus rayos como una crema con SPF, sino que evita el efecto cancerígeno que posee la radiación.