El estrés puede estar destrozando el aspecto de tu cara ¿Lo notas?

‘Tienes mala cara, ¿estás estresada?’. Seguro que esta pregunta te ha sorprendido en más de una ocasión, seguida de un rápido reconocimiento visual delante del espejo para confirmar lo que tu rostro parece indicar: que tienes estrés.
Este trastorno, tan típico en occidente y que en las últimas décadas es padecido en más alto grado que nunca, tiene consecuencias que se manifiestan por dentro y por fuera. La piel y la mente están estrechamente relacionadas, es tu órgano más grande por eso es que sufre las consecuencias generadas por el estrés. ¿Y tú cómo lo llevas?
¿Que puede provocar ese estrés? Pues puede ser un cuadro ansioso por falta de sueño, falta de concentración y relajación, cuadros depresivos, ganas de llorar y falta de energía al comenzar el día, pero también se puede dejar ver en la piel de muchas maneras: acné, rosácea, dermatitis seborreica, psoriasis, uñas quebradizas, hiperhidrosis (sudoración excesiva), todo esto puede aparecer en un brote de estrés o empeorar si ya se padece previamente.
Las consecuencias del estrés sobre la piel, sin duda, la afean notablemente y reducen la autoestima por su efecto estético. Pero, además, esas lesiones cutáneas son en sí mismas una fuente de estrés. Es como la pescadilla que se muerde la cola.
Por ejemplo, el vitíligo o una alopecia pueden disminuir mucho la calidad de vida de un paciente y estresar aún más. Por este motivo es importante que el dermatólogo sea capaz de percibir el componente psicológico de los pacientes.
Continuando con el círculo vicioso del estrés, quien lo padece, además, pierde la motivación (o directamente carece de tiempo) para desarrollar las rutinas necesarias para acabar con sus problemas cutáneos. Incluso, en algunos casos, los empeoran, también hay pacientes con acné que tienen excoriaciones, es decir, pequeñas heridas que se hacen ellos mismos sobre las lesiones al arañárselas y así, producen lesiones que dejan marcas permanentes.
El perfil de la piel estresada, además, está relacionado con la disminución de su barrera protectora. De ahí que sea habitual que el cutis se vuelva frágil, sufra cuadros de deshidratación, se vuelva más sensible a los agentes irritantes y más proclive a padecer infecciones. En una piel permanentemente deshidratada se acentúan las arrugas y la flacidez por lo que se ve mucho más envejecida. Sí, en efecto, el estrés envejece.
Deshacer ese círculo vicioso de estrés y mal estado de la piel es esencial para empezar a mejorar por dentro y por fuera. Existe un estudio de la Academia Americana de Dermatología, que concluye que controlar el estrés puede ayudar a la gente a mejorar el estado de la piel.
Este estudio concluye que si se combinan las terapias dermatológicas tradicionales con psicoterapia, meditación, hipnosis, tai chi, yoga o antidepresivos la mejora es sustancial. De este modo, el paciente que empieza a apreciar una mejoría externa también estará más seguro de sí mismo y se encontrará más motivado para seguir por este camino de recuperación.
Pero el estrés no solo afecta a tu piel. También lo hace a tu pelo en forma de alopecia o con la aparición de canas. El estrés es capaz de volver el pelo blanco a través de los daños que causa en las células madre de los folículos pilosos.
Está claro que no hay mejor truco de belleza que estar relajado. Consulta a tu médico, tomas las medidas para mejorar tu calidad de vida para influir en el estado de tu piel.
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